MAX

el

Me contaron que lo vieron subir a un viejo bus que se mecía al mismo son de las palmeras, como si la brisa marina y las olas marcarán ese casi eterno compás…

…me contaron que calzaba unas viejas zapatillas. Zapatillas que dejaban un camino de huellas, gráciles y melancólicas, sobre las arenas. Huellas que muchos siguieron, o quisieron seguir y no pudieron.

Me contaron que su rostro dibujaba una sonrisa, una sonrisa nueva para nadie conocida, que su mirada se perdía entre las gentes, que no buscaba nada en particular, que no quería reconocer ni ser conocido. Me contaron que lo vieron, o creyeron verlo, porque en el habían rasgos aún familiares, esos que lo cotidiano marca a fuego y que son difíciles de olvidar y dejar atrás. Un gesto, una forma de ajustar el hombro, las venas sobre las manos, el ángulo del mentón…

Lo vieron apearse del bus y alejarse. Su cabellera a lo Marley era, tal vez, lo residuos de quien fuera el. Pero esta también era diferente; Antes, citadina, elocuente y a la derniere, hoy diferente. Diferente de la forma en quien no la exhibe y la deja soltarse libre al viento. Lo vieron alejarse y su silueta se perdía entre la bruma y los sonidos del mar. Lo vieron alejarse y me contaron…

…que no tenían certeza que era Max, o tal vez, nunca tuvimos la certeza de quien fue o si alguna vez lo fue…

A Benavides….

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